Hay bodas que nos hacen especial ilusión desde el primer momento. Cuando Lola nos escribió para pedirnos información sobre su boda, todavía no sabíamos que detrás de aquel mensaje había una conexión muy especial: era familia directa de Carlos, nuestro querido veterinario y gran amigo, y también de Lalo, otro de nuestros mejores amigos. Cuando descubrimos la coincidencia, la alegría fue enorme.

Y es que, a veces, las bodas llegan a nosotros por caminos inesperados. La de Iván y Lola fue una de esas.

Ellos se conocieron en la universidad hace ya más de diez años y, desde entonces, han ido construyendo una vida compartida entre música, cine, comidas dentro y fuera de casa y, sobre todo, muchos años de historias juntos. El 4 de octubre de 2025 llegó el momento de celebrar todo ese camino rodeados de las personas que más quieren.

Iván comenzó a prepararse en la intimidad de la casa de sus padres, acompañado por ellos y disfrutando de esos últimos momentos antes de convertirse en marido de Lola

Para la ocasión eligió un elegante chaqué gris marengo de Álvaro Moreno, combinado con corbata en el mismo tono y un discreto estampado, y chaleco beige. Un conjunto clásico y elegante para un día muy especial.

Lola, por su parte, quiso que sus preparativos tuvieran un significado todavía más especial. Eligió la casa de su abuela materna para vestirse, acompañada por sus padres, su hermana y su abuela.

Y su elección no podía ser más emotiva: decidió arreglar y volver a llevar el vestido de novia de su madre para su propia boda.

El vestido, de seda, tenía un precioso corte recto y midi, manga corta, escote redondo y un fajín en la cintura. A él añadió un largo velo y una cola, consiguiendo transformar una pieza familiar en un vestido completamente suyo, pero conservando toda la historia que llevaba detrás.

Sobre su cabeza lució además una tiara de esmeraldas, herencia familiar, otro detalle cargado de significado.

Su ramo preservado, realizado por El Pasaje, seguía una paleta muy otoñal, con tonos rosa empolvado y marrones, acompañados de eucalipto y paniculata.

Paula Copado se encargó tanto del recogido como del maquillaje, mientras que unos originales zapatos turquesa de Raquel Zapatos ponían el toque de color y personalidad al conjunto.

La ceremonia tuvo lugar en la grandiosa Parroquia de San Pedro de Ciudad Real, rodeados de familiares y amigos y con un detalle especialmente emotivo: fue uno de los tíos de la pareja, sacerdote, quien ofició la ceremonia.

Entre tantos momentos especiales, hubo dos que destacaron especialmente. El encuentro de Iván y Lola en el altar, después de tantos años compartidos, y ese instante en el que pronunciaron el esperado sí, quiero.

Momentos íntimos y llenos de emoción que reflejaban perfectamente todo lo que había detrás de aquel día.

Camino a Monte Arenas

Después de la ceremonia, los recién casados pusieron rumbo a Finca Monte Arenas en un precioso Ford A granate de Antonio Vich.

El coche clásico era el acompañante perfecto para continuar una boda con ese aire elegante y atemporal que había comenzado desde los preparativos.

A su llegada, mientras los invitados iban llegando a la finca, aprovechamos para robarle unos minutos a Iván y Lola y realizar algunas fotografías de pareja en los alrededores. Un pequeño paréntesis para disfrutar de estar juntos, ya como marido y mujer, antes de que comenzase la celebración.

Poco después, novios e invitados disfrutaron del cóctel junto a la fachada principal de la casa. Aprovechamos esos momentos para fotografiar el ambiente, los detalles y todas esas pequeñas cosas que hacen que una boda sea tan personal.

Y si había un protagonista inesperado entre la decoración, era sin duda el perro de Iván y Lola.

Su bonito caniche marrón se convirtió en parte de la celebración gracias a un seating plan inspirado en él, consiguiendo arrancar más de una sonrisa entre los invitados.

En el interior, la decoración continuaba con hortensias blancas y una paleta de tonos otoñales, creando un ambiente elegante y acogedor que encajaba perfectamente con la época del año.

La comida corrió a cargo de Alfonso Catering, y fue durante ella cuando llegaron algunos de los momentos más emocionantes de la celebración. Discursos, regalos y sorpresas consiguieron volver a poner las emociones a flor de piel y arrancar más de una lágrima y muchas sonrisas.

Y como toda buena boda, después de las emociones llegó el momento de dejarse llevar.

Con el comienzo de la barra libre, la pista de baile se convirtió en el punto de encuentro de todos los invitados. El equipo de Anthony Mendiola se encargó de poner la música y consiguió algo que siempre nos encanta ver: hacer bailar a jóvenes y mayores por igual.

Pero antes de irnos, Lola se cambió de look para la fiesta, luciendo un diseño de Rocío Osorno que le estaba como un guante, y con este cambio, aprovechamos las últimas luces del día para realizar algunas fotos más de pareja, en esa golden hour que tanto nos gusta.

Y así, entre bailes, risas y mucha diversión, terminó una jornada que había comenzado en la intimidad de dos casas familiares y que acabó convertida en una gran celebración rodeada de todos los que querían a Iván y Lola.

Una boda con un marcado carácter familiar, llena de detalles con historia y pequeños guiños a su vida juntos.

Porque quizá eso es lo que más nos gusta de las bodas: cuando detrás de cada elección hay un motivo, una persona o un recuerdo. El vestido de una madre, la tiara de una familia, la casa de una abuela, un perro convertido en protagonista… pequeños pedazos de una historia que, juntos, hicieron que la boda de Iván y Lola fuese tan especial y tan suya.

Y para nosotros tuvo además un significado añadido. Poder acompañar en un día tan importante a la familia de amigos tan queridos, y contar esta historia desde nuestro lado de la cámara, fue un auténtico regalo


Finca: Monte Arenas
Traje Novio: Álvaro Moreno
Vestido fiesta Novia: Rocío Osorno
Estilismo novia: Paula Copado
Flores: El Pasaje
Música: Anthony Mendiola

¡No te pierdas esta otra boda en Finca Monte Arenas!

¡Muchas gracias por visitarnos!