Hay bodas que se recuerdan por una gran fiesta, por un lugar especial o por todos los detalles que se han cuidado durante meses. Y después están las bodas que se recuerdan, sobre todo, por cómo se sintieron. La de Nuria y Edu fue una de esas.
Ellos se conocieron en Ciudad Real, durante sus años de universidad, y el 30 de agosto de 2025 llegó el momento de celebrar todo el camino recorrido juntos, rodeados de sus familias y amigos.
Edu comenzó a prepararse en la casa que ya comparte con Nuria, acompañado por sus padres, su hermano y algunos de sus amigos. Para la ocasión eligió un elegante chaqué azul marino de Antonio Ñacle, combinado con chaleco azul clarito y una corbata adamascada a juego. El toque de color lo ponía el prendido de su solapa, elegido para combinar con el ramo de Nuria.
A unos kilómetros de allí, en casa de sus padres, Nuria vivía sus últimos momentos como soltera rodeada de familiares y amigos. Eligió un precioso vestido de corte recto y escote corazón de Carmen Horneros, acompañado de un largo velo que aportaba todavía más elegancia al conjunto. Para sus pies, unos delicados zapatos en tono rosa empolvado de Miss Honolulu.
Su ramo, obra de Pife, estaba realizado con flores preservadas en una combinación de tonos granates y rosas que aportaba un precioso contraste y que, además, conectaba con el prendido de Edu.
El maquillaje corrió a cargo de M Guadalupe, mientras que Lady Vintage se encargó del peinado, una bonita coleta sobre la que Nuria lució un delicado tocado en tonos rosas y blancos.
Pero más allá de vestidos, flores y complementos, los preparativos estuvieron llenos de aquello que realmente importa: emociones. Hubo regalos para algunos familiares, sorpresas y más de una lágrima, de esas que aparecen cuando uno se da cuenta de que ese día que parecía tan lejano por fin ha llegado.
La ceremonia tuvo lugar en la Iglesia de San Pedro de Ciudad Real, donde todo estaba preparado para uno de los momentos más esperados del día.
El altar lucía varios centros de gerberas y lirios blancos, acompañados de toques de eucalipto, creando una decoración sencilla y elegante.
Y entonces llegó uno de esos instantes que se quedan grabados para siempre.
La entrada de Nuria hacia el altar, avanzando al encuentro de Edu, terminó en un abrazo entre ambos, acompañado de lágrimas de alegría. Un abrazo que decía muchísimo más que cualquier palabra y que resumía, en apenas unos segundos, todo lo que significaba aquel día para ellos.
Después del esperado sí, quiero, la salida de la iglesia se convirtió en una auténtica celebración: una lluvia de confetti blanco recibió a los recién casados mientras familiares y amigos compartían con ellos la alegría del comienzo de esta nueva etapa.
Después de la ceremonia nos trasladamos a Finca Alarcos, muy cerquita de Ciudad Real, donde continuaría la celebración.
Antes de que comenzasen a llegar los invitados, tuvimos la oportunidad de «secuestrar» durante un ratito a Nuria y Edu. Unos minutos para ellos solos, ya como marido y mujer, alejados del bullicio y con la luz cálida del atardecer como escenario.
Recorrimos algunos de los rincones de la finca y aprovechamos esa luz tan especial para crear un pequeño paréntesis dentro de un día que avanzaba a toda velocidad. Unos minutos para respirar, mirarse y disfrutar de que, por fin, estaban casados.
El cóctel tuvo lugar en la pradera, todo un acierto para disfrutar del exterior y de la tarde de verano. Allí, los invitados pudieron degustar las diferentes propuestas que Catering Las Aguas había preparado mientras Nuria y Edu comenzaban a relajarse y disfrutar de verdad de su gran día.
Poco después llegó el momento de pasar a la carpa para la cena. Y si algo tuvo esta parte de la celebración fueron sorpresas, risas y momentos compartidos. Familiares y amigos habían preparado diferentes detalles para los novios, consiguiendo que las emociones volvieran a estar muy presentes.
Y, como no podía ser de otra manera, la noche terminó bailando. Amigos y familiares se sumaron a la pista para celebrar con ellos hasta el final, mientras el fotomatón de Dime Patata se encargaba de poner el broche más divertido a una jornada llena de recuerdos.
La boda de Nuria y Edu fue un día muy especial: preparativos rodeados de los suyos, abrazos, lágrimas de alegría, confetti, una tarde de verano, muchas sorpresas y una gran fiesta para celebrar el comienzo de una nueva etapa.
Y nosotros tuvimos la suerte de estar allí para contarlo con imágenes y guardar para ellos todos esos pequeños momentos que, con el paso de los años, harán que vuelvan a sentirse exactamente como aquel 30 de agosto de 2025.
Finca: Alarcos
Catering: Las Aguas
Traje Novio: Antonio Ñacle
Vestido: Carmen Horneros
Zapatos: Miss Honolulu
Ramo: Pife
Make up: M Guadalupe
Peluquería: Lady Vintage
Animación : Dime Patata
Si te ha gustado esta boda, no te pierdas la de Rafa y Mª Luisa en Finca La Membrilleja








































































































Pingback: Boda en Finca Monte Arenas – Con Buena Luz